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Notas de prensa

Intervención de Manuel Martínez Erice en el Foro Castilla La Mancha sobre Tauromaquia
(18 de abril de 2007)


El pasado día 13 de abril de 2007, Manuel Martínez Erice, en representación de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos, ANOET, intervino en el primer Foro sobre la Fiesta de Toros en Castilla La Mancha con una alocución titulada reflexiones sobre el papel del empresario taurino.
En esta intervención, el señor Martínez Erice analizaba la labor que desarrollan los empresarios en la actualidad, en comparación con el trabajo que se desarrollaba hace unos años, y marcaba pautas sobre las principales dificultades y retos con respecto a un futuro sobre el que se mostró esperanzado.
El señor Martínez Erice participó en el panel Aspectos tangibles de la Fiesta de los toros, moderado por el profesor Juan Iranzo, en el que participaron también los señores Martín Peñato, Jean Pierre, Diego Garteiz y Antonio Tejerina.
Les ofrecemos el contenido íntegro de esta intervención.
 
REFLEXIONES SOBRE EL PAPEL DEL EMPRESARIO TAURINO
 
Imaginemos a tres toreros que, movidos únicamente por su afición y amor al toreo, lidiaran y dieran muerte a seis toros en la plaza de tientas de una ganadería cualquiera. A cambio obtendrían el disfrute de pasarse por la cintura un toro de 500 kilos y el ganadero, la satisfacción de ver embestir con clase y bravura los animales que crió durante cuatro años con esfuerzo, dedicación y cariño.
Ese festejo sería tan auténtico como utópico. ¿Estarían de verdad esos hombres dispuestos a jugarse la vida sin más? Una tarde, quizás sí. ¿Estarían dispuestos a hacerlo dos tardes, diez o treinta?. ¿Y sus banderilleros y picadores?. ¿Habría ganaderos dispuestos a mantener una ganadería con ese fin?.
 
Viene a cuento esta suposición para enfocar el papel del empresario, aquel que, con la misma afición, participa en el evento dotándolo de carácter económico. Al principio todo era tan sencillo como comprar los toros, compensar económicamente a los artistas y sufragar los costes de llevar el espectáculo a un recinto publico, tratando de que el dinero recaudado con la venta de entradas fuera superior a los gastos.
Seguramente hace 50 ó 60 años el porcentaje de festejos o ferias taurinas rentables era tan alto que el empresario taurino no necesitaba grandes ejercicios de imaginación ni excesivos esfuerzos publicitarios para convencer a la gente de que asistiera a la plaza. Eran tiempos de “fútbol y toros” y nadie imagina una fiesta en pueblo o ciudad sin su correspondiente festejo.
Existía entonces una selección natural de los acontecimientos, las figuras del toreo toreaban en las grandes ferias, un segundo circuito de pueblos importantes acogía a matadores de nivel inferior, mientras que las plazas más pequeñas estaban destinadas a novilladas, con ó sin picadores y otros festejos menores; unos cuantos carteles anunciando el festejo eran suficientes, las cuentas salían, y la empresa taurina se acomodó y ha vivido durante muchos años, de espaldas a una evolución social sin saber adaptarse a la misma.
 
Los tiempos han cambiado y, con ellos, los gustos y costumbres de la sociedad. La mayoría de los españoles dispone hoy, afortunadamente, de innumerables opciones de ocio y muchísima información, lo que unido a la tremenda mejora en los medios de transporte, dan al ciudadano medio la posibilidad de elegir entre un amplísimo abanico de posibilidades para decidir dónde y en qué emplear su dinero y tiempo libre. Este fenómeno ha originado el descenso del número total de asistentes a los festejos taurinos, haciéndonos creer que estábamos ante una crisis de afición. Pero la realidad es que este hecho es un toque de atención a los empresarios para que nos atemos los machos. Los públicos dejan claro que no van a acudir a ver cualquier cosa, pero que si la oferta tiene sentido, calidad e interés, el aficionado y el público en general responde.
 
La empresa taurina esta actualmente en claro proceso de modernización. La utilización de páginas web, venta por Internet y otros tipos de venta remota de localidades, departamentos de comunicación, jefaturas de prensa, así como expertos en marketing, publicidad y estudios de mercado, van siendo habituales.
La empresa taurina mira al futuro con optimismo, aunque es consciente de los frentes que tiene abiertos, la mayoría de ellos en sus relaciones con las Administraciones. Los principales problemas son unos reglamentos taurinos excesivamente intervencionistas, en lo que a organización del espectáculo se refiere, y un nefasto sistema de concursos y pliegos de condiciones, que obliga al empresario a entrar en una competición económica, realizando ofertas desproporcionadas.
En muchas ocasiones las plazas se entregan al mejor postor y con plazos de ejecución muy cortos, siendo perjudicados en primer lugar el propio empresario, que sin tiempo de planificar ni de sembrar, se ve en la necesidad de recoger, a sabiendas de que la oferta que realizó es en ocasiones muy difícil de cumplir, y en segundo lugar la propia plaza, la afición, ya que todos entendemos que si el empresario no ve recompensado su trabajo se defenderá ajustando costes, es decir, mermando la calidad de lo que pueda ofrecer.
Además, debemos realizar nuestro trabajo con unos Impuestos desmesurados, discriminatorios en relación a otros espectáculos artísticos o deportivos (teatro ó fútbol están sujetos a i.v.a.s sensiblemente inferiores a los soportados por nosotros). Si a esto añadimos la enorme dificultad de interlocución, las pocas respuestas que obtenemos a nuestras propuestas, tendremos una idea acertada de las piedras que el empresario taurino encuentra hoy en el desempeño de su labor.
 
No quisiera terminar esta reflexión sin lanzar un mensaje optimista, no solo como empresario sino como amante de la Fiesta. Contamos con un activo incalculable: mientras exista un toro bravo, seguramente el animal más bello de la tierra, y un hombre dispuesto a jugarse la vida delante de él, esta Fiesta tiene la continuidad asegurada.
Manuel Martínez Erice

 

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